Debates de combatientes

(Por Moisés Palmero Aranda Educador Ambiental) Los debates de la campaña electoral andaluza han coincidido este curso con el debate escolar que nos gusta realizar en Radio La Canal. El principal objetivo de la actividad es trabajar diferentes herramientas que van a ser esenciales en su día a día y que, viendo cómo está el patio, les pueden ser tan útiles, o más, que todos los conocimientos acumulados a lo largo de su etapa formativa.

La preparación previa del tema buscando evidencias, datos e información que refuercen sus opiniones y experiencias personales; la construcción de una argumentación lógica con todos esos elementos, buscando las palabras, los gestos, los aliados para hacerse entender sin faltar el respeto a nadie, a los turnos de palabra y al moderador; y, sobre todo, la capacidad de aprender a escuchar a los demás para poder rebatir su postura, son fundamentales para intentar encontrar la verdad, o al menos para comprender que esta no es única, inamovible y que tiene numerosas caras y aristas que nos ofrecen multitud de puntos de vista, tan válidos como los nuestros, y en los que desde nuestra atalaya no hemos podido o querido ver.

Aprender a gestionar las emociones que se generan antes, durante y después de los mismos, es la manera de garantizar un futuro mucho más próspero y pacífico en la búsqueda de un bien común, y de formar ciudadanos críticos, capaces de dialogar, de exponer sus ideas, de llegar a acuerdos, de asumir errores y derrotas y de relativizar las victorias.

Cada vez los maestros, los profesores, están apostando por este tipo de actividades, pero el encorsetamiento del sistema, centrado en la acumulación de conocimientos de las diversas materias, para buscar una puntuación final que los califique y nos posicione en el ranking, sumado a la falta de recursos, de tiempo (se les va en la excesiva burocracia), las deja al arbitrio, interés, capacidades, compromiso y sacrificio del tiempo privado de los docentes.

Me encantan las asambleas en las clases de infantil, que eligen los temas que trabajarán cada trimestre, que analizan los resultados obtenidos cada día, que intentan solucionar los conflictos generados, de entender los problemas de forma global, y que en primaria, generalmente, desaparecen. Los clubes de debate y los torneos entre centros en los que se ponen a prueba. El trabajo en red, como el que se hace en las radios escolares, entre docentes y centros con los mismos intereses. Me encanta una educación adaptada a los nuevos tiempos, centrada en el individuo, crítica, capaz de investigar, atreverse y experimentar otras maneras más eficaces de mejorar la sociedad y de cambiar el mundo que nos rodea.

Sin embargo, los debates electorales a los que asistimos cada vez que se acercan las elecciones están muy alejados de esos principios básicos que queremos transmitir a los escolares y son ejemplo de cinismo e hipocresía porque, como siempre, la realidad está muy alejada de la teoría.

Se han convertido en un ring de boxeo, con púgiles que buscan ganar a los puntos, que no están dispuestos a escuchar y no tienen escrúpulos para faltarse al respeto entre ellos, y de faltárnoslo a nosotros con mentiras e interpretaciones sesgadas. Me recuerdan a los combatientes, unas aves con el nombre adecuado para ellos, con un comportamiento reproductivo muy particular y que me sirven para celebrar el Día de las Aves Migratorias, que se ha celebrado este fin de semana.

En sus pasos prenupciales y postnupciales pasan por nuestro país, camino del norte de Europa y de África. Tienen un comportamiento sexual territorial y agresivo. Los machos (los políticos) combaten, se pelean entre ellos (de ahí su nombre científico Calidris pugnax), exhibiendo el plumaje nupcial de su cuello que pueden erguir y lo utilizan para intimidar a sus oponentes y seducir a las hembras. Hay tres tipos de machos.

Los independientes, de gola más oscura, que defienden violentamente su territorio; los satélite, con plumaje más claro, que se asocian a estos para atraer hembras en conjunto; y los que no desarrollan gola y se mimetizan con las hembras, para engañar a los violentos y copular sin pelear.

Todos ellos, y perdonen la vulgaridad, cuando han conseguido meter, después de prometer, desaparecen y continúan su migración solos, dejando a las hembras (todos nosotros) cuidando el nido, a los polluelos y con la responsabilidad de sacar la especie adelante.

Pues eso, que ojalá los debates no se pareciesen tanto a la etología de los combatientes, sino, por ejemplo, a la de los flamencos, que utilizan la fuerza y seguridad del grupo para defenderse, cuidar a los pollos y desarrollar la especie. Ellas no pueden luchar contra su naturaleza; nosotros sí. Deberíamos aprovecharlo.

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