(Por Moisés S. Palmero Aranda Educador Ambiental) El primer sábado de cada mes de octubre se celebra el Día de las Aves, y el segundo el Día Mundial de las Aves Migratorias para recordarnos el paso posnupcial que se está realizando en estos momentos hacia los cuarteles de invierno, donde los pollos nacidos esta primavera cogerán fuerzas y experiencia. En mayo, también el segundo sábado, se volverá a celebrar este día, pero esta vez para señalar el paso prenupcial, cuando vuelvan a reproducirse.
Este año, pretendía, se lo prometo, hablarles del caso de un flamenco que ha sido fotografiado con 18 años de diferencia en el Cabo de Gata. La historia es, además de bonita, muy ilustrativa para entender la necesidad de conservar los ecosistemas para que las migraciones sigan produciéndose en el planeta por el bien de todos nosotros. Pero la realidad manda, y esta vez sucumbo a ella, porque, desde hace un mes, los buitres no hacen nada más que revolotear por los titulares de los medios, sobre nuestras cabezas y cada día que pasa, andando a nuestro alrededor.
Porque si algo ha puesto de manifiesto la crisis de la vivienda es que hay más buitres de los que pensábamos en un principio y el efecto Maricarmen los ha desenmascarado a todos. Pero antes, debo aclararles que, como educador ambiental, soy de los que piensa que no es justa la mala fama de los buitres, cuando lo único que hacen es librarnos de la carroña, la pestilencia, las enfermedades y la inmundicia. Si no fuese por las aves carroñeras, nuestros paseos campestres no serían tan agradables como lo son; son esenciales porque son las barrenderas y grandes recicladoras de materia orgánica de la naturaleza. Y, por supuesto, ni especulan con el dolor ajeno ni se aprovechan de la necesidad de otro ser vivo.
En España hay cuatro especies nativas de buitres que Félix Rodríguez de la Fuente ayudó a dignificar por su importancia ecosistémica: negro, leonado, alimoche y quebrantahuesos. Algunos añaden el moteado, una especie africana tropical que cruzaba esporádicamente, pero que se ha habituado a este lado del estrecho, por lo que SEO BirdLife la sacó en 2015 de la lista de rarezas nacionales.
De estas especies, migratorias solo se considera al alimoche, que todos los años cruza dos veces el estrecho. El resto son sedentarias con algunos matices, porque aunque los adultos de los leonados son sedentarios, los jóvenes en sus primeros años cruzan en busca de experiencias, alimento y, quién sabe, si nuevos lugares para establecerse. Esta fue la causa por la que los moteados, siguiendo a estos aventureros, empezaron a venir y, por lo que parece, a hibridarse con ellos.
En Almería, hasta donde yo sé, tenemos una población estable de buitres leonados en la Sierra de María-Los Vélez, que pueden desplazarse cientos de km para buscar alimento, y también podemos ver a los alimoches cuando están de paso, habiéndose encontrado algunas parejas reproductoras. El resto es raro verlas.
Son animales espectaculares, lo sé, pero a pesar de eso, los sigo asociando a los fondos, a los políticos, a algunos periodistas y a muchos otros tontos que han salido de debajo de las piedras desde que Maricarmen se convirtió en el símbolo para sacar y mantener a la gente en las calles, para convocar elecciones, promover una huelga general y hablar más en un mes que en los últimos ocho años de vivienda digna, precariedad laboral, inflación y especulación.
Si no pierdo el tiempo en buscar eufemismos, no es por falta de cariño al animal, sino para no desviarnos del mensaje, como pretenden los que usan la política para forrarse, acomodarse en el sillón y llenarle el bolsillo a familiares, amigos o señores; los que han intentado denigrar a una anciana de 87 años; los que visitan las acampadas con el afán de provocar para grabar un video para su canal; o la enjoyada presentadora de fantasmas que hace gracietas sin gracia; o los periodistas que, enarbolando la libertad de expresión, insultan a los acampados en cualquiera de las plazas de España; o los especuladores ofendidos porque los llamen buitres o fachas.
Maricarmen, descansa en paz y muchas gracias por poner el país patas arriba y, sobre todo, por permitirnos identificar a nuestro alrededor a todos los tontos buitre. Y yo que quería hablar de flamencos, si es que no escarmiento.

