Quilates en el Cabo y el Algarrobico

(Por Moisés S. Palmero Aranda Educador ambiental) Esta semana hemos asistido a dos nuevos episodios de la larga serie que cualquier plataforma de pago podría titular: Cómo depredar la costa del Cabo de Gata para pillar tajada mientras te meas en la Justicia. Si es un poco largo, lo dejamos de sinopsis y la titulamos “Quilates en el Cabo”.

Ya deben saber que la palabra quilate, el término para determinar la masa y la pureza de las piedras y los metales preciosos, como el oro, deriva de una palabra griega que significa algarroba, ya que el peso de sus semillas era uniforme. Así que la asociación de ideas está servida, y donde algunos veían frondosos algarrobos, otros veían su peso en oro.

El primero de los episodios es el esperpéntico ridículo de la ministra, secretaria general y candidata a la Presidencia de la Junta de Andalucía, anunciando que para agosto el acorazado, indestructible y gatuno Algarrobico estará derruido. Si yo perteneciese al PSOE dudaría de esta señora, porque comenzar su asalto al poder con una promesa que sabes imposible de cumplir es decirles a los andaluces “voten a una mentirosa”, o lo que es peor, que han tardado 20 años en encontrar la solución a un problema que crearon ellos. Menuda campaña electoral.

Es cierto que los ciudadanos estamos acostumbrados a comernos milongas como estas en todas las elecciones, y que siempre se le puede echar la culpa a los del otro bando, pero esta será de la que no se olvida. Como tampoco hemos olvidado las promesas de Pacheco, Moreno, la ministra Ribera y tantos otros que se han llenado la boca y sacado pecho con palabras, fotos y promesas parecidas.

El que no hablaba y lo ha hecho esta semana, el alcalde de Carboneras, Salvador Hernández, es el único que ha dicho lo que piensa, afirmando que derribarlo en ese plazo es imposible porque unos y otros seguirán alargando el proceso judicial, el primero su ayuntamiento, y que su objetivo es que se revise la licencia, ya revisada y con sentencia a cumplir, para poner en valor el mamotreto convirtiéndolo en una residencia para ancianos.

Tiene su gracia la cosa, porque podría ser un bonito final para la serie. Todos los que sobornaron, los que se dejaron sobornar, los que cambiaron la planimetría y la documentación, los que dieron subvenciones a la promotora, los que han hecho campaña electoral delante del mismo, escupiéndose el “tú más”, y los jueces que firman sentencias y contrasentencias que luego no obligan a cumplir, permitiendo alargar esto hasta el infinito, sentaditos en la terraza, brindando al sol, con la pulserita de todo pagado y recordando entre risas y chascarrillos la cara de los ecologistas el día de la inauguración y los teatrillos que montaban a su costa en los medios de comunicación y en los juzgados.

El segundo episodio tiene que ver con los ecologistas que están viendo en el Hotel de Genoveses una nueva meada sobre la normativa del Parque, y que para continuar la lucha judicial han hecho un crowdfunding y así poder recaudar el dinero que se necesita para hacer lo que debería hacer la administración: un estudio detallado de la biota que se va a destrozar por favorecer, de forma torticera, a los amigotes. En una semana han conseguido con pequeñas donaciones los 6.500 euros que se necesitaban para hacer el informe ambiental y demostrar todo lo que perderemos. Un gran éxito.

Muchos dicen que comparar proyectos es un absurdo, pero también se lo parecía cuando denunciaron el Algarrobico. Ahora todos reconocen la ilegalidad, la sinvergüencería de nuestra clase política, la ineficacia de nuestra justicia, la indefensión de la ciudadanía, pero en su momento todos pusieron el grito en el cielo. Cuando vuelvan a demostrar que lo que se está haciendo en Genoveses también va contra la ley, todos se subirán al carro, pero nadie le reconocerá la valentía de enfrentarse a todo un pueblo que los veía, y los sigue viendo, como enemigos, y a todas las administraciones para defender el bien común.

Puestos a proponer, como las sandeces del alcalde de Carboneras y la candidata Montero, yo propongo que cuando caiga el Algarrobico, se plante un gran algarrobo en homenaje a todos los ecologistas, donde los enemigos del bien común puedan sentarse a la sombra a tomarse un buen chocolate de algarroba en vez de utilizarlas para pesar sus 30 monedas de oro. Como curiosidad, no como indirecta, Judas, arrepentido por su traición, se ahorcó en un algarrobo loco, otra especie diferente, pero con ramas igual de resistentes.

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