El valor de este premio

(Moisés S. Palmero Aranda, Educador ambiental) En la Asociación de Educación Ambiental El árbol de las piruletas, estamos de enhorabuena, emocionados, felices y agradecidos porque la semana pasada recogimos en Madrid el premio que Paisaje Limpio tuvo a bien otorgarnos durante la celebración de su vigésimo aniversario.

Sé de la importancia relativa de los premios y que, como en la vida, el valor de las cosas, de un gesto, una caricia, una zancadilla, está en el que uno quiere darle. A este, por quién y por qué nos lo conceden, le damos mucho. En broma dice un amigo, que si no llevan asociados una paga vitalicia, «ni son premios ni son na». Yo me conformo con que ni se paguen con dinero, ni se venda libertad, y que Rosendo, o cualquier otro, me tenga que recordar estas palabras en el futuro.

Con Paisaje Limpio tenemos muchas similitudes. Nacimos a la vez, somos asociaciones sin ánimo de lucro, llevamos por bandera la Educación Ambiental, y el pensar globalmente, actuar localmente.  En nuestro afán por conservar y proteger el equilibrio de la naturaleza, hemos dedicado parte de nuestro esfuerzo a dar a conocer los impactos que provocan los residuos  y basuras que generamos, su gestión y en buscar las soluciones para eliminarlos.

Hemos trabajado en crear alianzas, redes, conocedoras de que solos podemos generar transformaciones puntuales, conseguir logros importantes, pero convencidas de que juntas somos más fuertes, llegamos más lejos y los cambios se convierten en permanentes , transversales y multiplicativos al ser semillas, ejemplos.

Y aunque partíamos de los mismos conceptos, ideas y objetivos, sus éxitos son mucho más notorios gracias a sus habilidades y capacidades personales, su talento, su forma de enfocar los problemas, su amplia visión de las fronteras, de crear sinergias, de su humildad y generosidad, de adaptarse a las adversidades, de generar y aprovechar oportunidades y de no imaginar gigantes donde solo hay molinos, ni dragones que nos amenazan desde sus cuevas.

Este es uno de los valores de este premio, ya que al conocerlas, hemos aprendido que sin perder nuestros valores, la esencia de lo que somos, debemos desembarazarnos de los complejos, los rotuladores rojos, las gafas de ver de cerca, las horas mirándonos el ombligo, y las limitaciones conceptuales que nos autoimponemos. Habrá que encontrar la manera para no traicionar al corazón, perdernos en el camino y generar más endorfinas que bilis.

Durante la emotiva y bonita gala, a pesar de la lluvia que nos impidió brindar con vistas al  Retiro, se repartieron muchos premios. Reconocieron a grandes entidades, españolas y europeas, que colaboran en sus proyectos de investigación y que las han llevado al Parlamento Europeo, administraciones, sistemas de gestión de residuos y empresas que a través de la Responsabilidad Social Corporativa colaboran en sus actividades. Agradecieron a personajes famosos su apoyo incondicional, como David Meca, Inma Soriano o Carlos Soria, montañero que ha ascendido 12 ochomiles con más edad, y que me encantó poder saludar.

También premiaron a cinco colectivos de toda España con los que han colaborado a lo largo de sus veinte años. Y ahí, en ese apartado, pequeñitos entre gigantes, enraizados en el territorio, trabajando por lo local, estábamos nosotros.

Nuestro mérito fue coorganizar con ellas una limpieza de playas en el Faro del Sabinal, donde recogimos tres mil kilos, frigorífico incluido, en apenas dos horas. El éxito no fue la basura que evitamos llegase al mar y a Punta Entinas, sino que fuimos capaces de involucrar al Ayuntamiento de El Ejido y la Junta de Andalucía que pusieron los vehículos para facilitar el esfuerzo de los voluntarios, a tres institutos del municipio  y a una empresa de encurtidos de Nacimiento, Luxeapers, que paró máquinas y se llevó a los sesenta trabajadores a poner su granito de arena. Una actividad financiada por Carrefour y P&G a través de su proyecto “Una playa sin plásticos”.

Aquel día, nos enorgullecemos por ello, conseguimos dar un ejemplo a los jóvenes, y los no tan jóvenes, porque vieron que la única forma de solucionar el problema de los residuos, y del mundo, es trabajando conjuntamente, las administraciones, el sector empresarial y la sociedad civil. Revivir aquella jornada nos ha levantado el ánimo y las ganas de volver a repetirla. No tardaremos mucho.

Es un verdadero honor estar en el grupo de amigos, colaboradores y socios estratégicos de Paisaje Limpio, y que un árbol de piruletas eche raíces y forme parte del precioso ecosistema que han creado y que da sentido a su nombre. Agradecidos y que cumplan muchos más.

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