“En resumen, debemos unir todas las fuerzas que pueden ser unidas, reduciendo así el número de enemigos a un mínimo, dejando en contra únicamente a los imperialistas y algunos pocos elementos proimperialistas domésticos (…). Para nosotros, cuantos más amigos tengamos, mejor, y cuantos menos enemigos tengamos, mejor. Mao Zedong.
(Por Eduardo Madroñal Pedraza) Las gentes de bien necesitamos, hoy más que nunca, unidad para defender nuestros intereses. Y la división y el enfrentamiento trabajan a favor del enemigo, debilitando y desmovilizando a amplios ámbitos de nuestra ciudadanía. Hay que unir todo lo unible contra los proyectos del enemigo, del hegemonismo estadounidense y nuestra oligarquía vendepatrias. Una unidad que, obviamente, abarca a la izquierda, pero también a extensos sectores conservadores y de la derecha democrática, que pueden y deben ser unidos.
Vivimos tiempos peligrosos
Vivimos tiempos peligrosos, en el mundo y en España. Su origen está en las agresivas políticas impuestas por Estados Unidos bajo la presidencia de Trump. Agresiones que dinamitan la paz mundial, como lanzar una guerra de imprevisibles consecuencias en Oriente Próximo. Agresiones que se unen a su ataque a las condiciones de vida de todos los pueblos del mundo, mediante la subida de los precios, un atraco de sus oligopolios y bancos para maximizar sus beneficios a costa del sufrimiento y la sangre de las buenas gentes del mundo.
En Europa y en España financian y alientan una ultraderecha “USAtriótica” para que, como lacayunos arietes, impongan medidas políticas y sociales extremadamente insolidarias contra la mayoría ciudadana, medidas que atacan las pensiones y la sanidad públicas, y criminalizan a los trabajadores inmigrantes para explotarlos aún más. En este mundo turbulento necesitamos la unidad más amplia, porque es mucho lo que nos jugamos.
Nuestro enorme rechazo a la guerra aparece imparable en las encuestas. La inmensa mayoría de españoles, el 81%, incluidos el 71% de los votantes del PP, vemos al yanqui Trump como la mayor amenaza para la paz mundial, ligeramente por encima del ruso Putin y del israelí Netanyahu. Los tres forman el triángulo de la muerte. No dejemos sus crímenes inultos.
Unidad de objetivos es lo que necesitamos
La unidad auténtica se basa en la unidad de objetivos y programa. Esa es la experiencia universal que compartimos las gentes que luchamos. Primero, programa, después, líder. Nos tenemos que unir en torno a unos puntos mínimos que todos compartimos, que ahora son la defensa de la paz frente a la guerra impulsada por Estados Unidos e Israel; redistribuir la riqueza enfrente al saqueo disfrazado bajo la subida de precios; defensa de las pensiones, blindándolas en la Constitución, y la sanidad, públicas; y una alternativa unitaria para acabar con el atraco de la vivienda.
Para eso hay que trabajar por una unidad lo más amplia posible, que incluya al conjunto de partidos, fuerzas sociales y plataformas de lucha, que ponga por delante lo que nos une. Una unidad que no se construya “desde arriba” ni se limite a una plataforma electoral, sino que esté forjada en la calle, en todas las luchas que compartimos.
Dos caminos y un delito
Bajo la bandera de la “unidad de la izquierda” existen dos caminos antagónicos, con enormes consecuencias prácticas según se siga uno u otro. Todas las gentes de bien debemos apostar persistentemente por lo que une y no por lo que divide. Unidad es necesidad, dividir es delinquir.
Hay que anteponer los puntos que unen a la mayoría de la izquierda y no hablar sólo del reparto de cargos y puestos en las listas. Hace poco se ha firmado un acuerdo. ¿Pero sobre qué bases? Ni siquiera han hablado sobre el programa, únicamente sobre el reparto de puestos. No se ha alcanzado unidad sobre unos puntos comunes de programa que sean una alternativa para defender los intereses populares. Son cabezas sin objetivos unitarios, son líderes sin programa de unidad.
Hay que buscar la más amplia unidad y no limitarla a una pequeña parte excluyendo a los demás. Hay que dirigirse al conjunto de la izquierda, no solo a un pequeño grupo de partidos, y hay que dirigirse también a sindicatos, organizaciones sociales y plataformas de lucha. No sólo hay que unir, hay que multiplicar. Hay que ampliar la unidad a todas las fuerzas progresistas.
Hay que trabajar por la unidad y no crear división y enfrentamiento. La otra “unidad” trabaja a favor del enemigo, porque siembra división, aunque alcance aparentes acuerdos de unidad, generando desmovilización entre la mayoría progresista, y retroceso.
Eduardo Madroñal Pedraza

