Decepción en el Caso Poniente

(Moisés S. Palmero Aranda, Educador ambiental) Por el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, albergaba la idea de reflexionar sobre el valor de los cuentos para cambiar el mundo. Quería hablar de la importancia de los lobos para el ecosistema y como a través de los cuentos ayudamos a su exterminio, algo que, gracias a la ciencia, se está intentando invertir. Pero quería enlazarlo con dos temas también preocupantes, que afectan, y ridiculizan, a toda la sociedad y, por ende, a la literatura infantil: la censura y revisión de textos clásicos, y la llegada de la inteligencia artificial a algunas editoriales que se han lanzado a editar cuentos sin escritores e ilustradores.

Pero la realidad es caprichosa, juguetona y muy cachonda, porque ha hecho coincidir la sentencia del Caso Poniente con la semana de los cuentos, y además, con los días de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. No me digan que no da para echarse unas risas, aunque lo que nos pida el cuerpo sea llorar, gritar de indignación o sacar la guillotina a la calle. Al final nos quedaremos en el pataleo y otra huella marcada en la espalda.

Por si alguien no lo conoce, ya que comenzó hace muchos, muchos años, este caso, cuento o penitencia de los ejidenses, es una trama corrupta encabezada por su exalcalde, Juan “aquí mis cojones” Enciso, el exinterventor municipal, José “firma aquí Juan” Alemán, y varios Espíritus Santos, porque algunos encarnaban la Santa Trinidad, (en términos ferreteros, un 3 en 1), ya que eran empresarios, trabajadores municipales y familiares de los ya, por fin, sentenciados. Aunque más que sentencia podríamos definirla de regañina, chiste, ridiculez, pantomima, engaño, cortina de humo, paripé o teatrillo de marionetas.

Recalco lo de marionetas porque la Justicia ha vuelto a demostrar que no es ecuánime, ni ciega, ni imparcial, sino que se deja manejar por el poder, por el capital, por los intereses de algunos que le levantan la venda para marcarle el camino, decantar la balanza y sugerirle la fuerza con la que emplear su espada.

Que hayan tardado más de doce años desde que asaltasen el Ayuntamiento por sorpresa, permitiendo que algunos de los delitos prescribiesen, y viendo las ridículas sentencias, viene a reforzar la idea de que todo era una operación política. Había que sacar al independiente, al rebelde, al virus que se llevó los votos y que amenazaba con extenderse por la provincia con su Partido Almeriense. Muerto el perro, se acabó la rabia.

El perro pensó que era Cancerbero, y era un pequeño caniche, que se dejó corromper por el poder, el lujo, los caramelitos que tenía a su alcance. Creyó que su mayoría aplastante en las urnas le daba patente de corso, y se saltó las leyes, muchas, y perdió los papeles, la moral, la ética, el respeto a sus conciudadanos, a su pueblo, y la vergüenza, si es que alguna vez la tuvo.

No cabe ninguna duda de que se les juzga por los delitos que cometieron, pero no podemos olvidar que a Al Capone fue a la cárcel por evasión de impuestos, no por ser uno de los mayores gánsteres de la historia, que mató, secuestró y robó millones de dólares.

El gran error de Enciso (era reincidente, ya lo había hecho a nivel municipal) fue morder la mano que le dio de comer, lo crio, le enseñó qué podía y no podía hacer, las líneas rojas que no se deben cruzar, y lo protegió y envalentonó hasta convertirlo en un depredador. Pero si traicionas la jerarquía del partido, te quedas solo, y en política, esos son demasiados problemas. Ejemplos hay muchos en este país.

El silencio de los acusados, es otro de los matices, que hacen sospechar de un protocolario “Juan, sé fuerte”. Y como más que fuertes han sido prudentes, pues han obtenido su recompensa, que puede ser mayor con los recursos que presentarán. Ojalá algún día alguien se atreva a contar todo lo que pasó entre bambalinas. A mí los relojes, bodas en el Ritz y los quitanieves me dan un poco igual, yo quiero conocer esas conversaciones secretas, desconfiadas y paternales, que empezarían con un rabo entre las piernas, y terminarían con un “win to win”.

Lo bueno de esta sentencia, a expensas de los recursos, es que por fin llega a su fin, ojalá pasemos página. Lo malo, que nuestra democracia tiene otra muesca más de la que avergonzarse; que la Justicia ha vuelto a demostrar que no es justa, que se ralentiza y se deja manejar por el poder; que el dinero no ha sido devuelto a los ejidenses y seguiremos pagando una deuda, e intereses, interminable.

Por cierto, yo voté a Enciso, y ha sido una de las grandes decepciones políticas de mi vida. Él fue uno de los culpables de mi desconfianza en el sistema, y eso no hay sentencia que lo castigue.

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